El martes 15/10/13 en clase habló el profesor sobre la velocidad de las partituras.
Según Beethoven era vivace = rápido y andante = lento. Este comenzó a vender partituras poniendo estos términos en ellas.
Para medir el tempo de las partituras se usaba el metrónomo. El metrónomo consta de un péndulo que oscila sobre un pivote con la ayuda de un mecanismo de reloj.
Una especie de tic-tac señala la frecuencia de las oscilaciones y con la ayuda de un peso deslizante es posible controlar el número de oscilaciones por minuto. Surge entonces la posibilidad de indicar en la partitura el tempo con ayuda de marcas metronómicas. Así, por ejemplo, si al comienzo de una obra musical o parte de la misma aparece una corchea igual a 120, ello quiere decir que la velocidad de interpretación debe ser igual a 120 corcheas cada minuto. Y entonces el metrónomo, como ayuda para un intérprete, puede graduarse para obtener 120 oscilaciones por minuto o, lo que es lo mismo, para que se oigan 120 tics o golpes por minuto.
Para poner en práctica el tempo con los alumnos debemos saber también que es un compás. Un compás es una cuadrícula que tiene la música para hacerla más racional e inteligible. La cuadrícula es cada compás. El principio de cada compás siempre es el más fuerte (pulso).
Cada compás son 4 pulsos. (Para 60 pulsos serán 15 compases). Por ejemplo, las sevillanas, la jota o el vals son 3/4, son culturas fluviales. Un ejemplo de vals sería este:
Para saber si oímos el pulso en clase salió la primera fila, la segunda y la tercera. El profesor puso una música y tuvimos que calcular el pulso con un ritmo que hacíamos con los pies. Además de contar con el reloj 15 compases para hacer 60 pulsos. 3600 segundos de una hora/60 segundos que nos dio el profesor = 120
- 4/4= se cuentan 15 compases
- 3/4= se cuentan 20 compases
Sin duda el ritmo de la música afecta a las personas; tiene pulso como nosotros mismos.
Otro aspecto del que se habló brevemente en clase fue el "Efecto Mozart".
Se denomina "Efecto Mozart" a la serie de supuestos beneficios que produce el hecho de escuchar la música compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart. Dichos beneficios no han podido ser comprobados de manera científica, o al menos no se han podido repetir los distintos experimentos que condujeran a resultados que confirmen los beneficios de escuchar la música del mencionado autor.
De todos modos, dicho efecto continúa siendo objeto de investigación, sin ninguna pronunciación firme o definitiva que reivindique o deseche la teoría en cuestión. Varios experimentos que se desarrollaron desde 1993 hasta la actualidad arrojaron las siguientes bondades de escuchar música de Mozart:
- Ayuda a desarrollar la inteligencia de los niños (para los niños entre 3 y 12 años representa una mejora en la capacidad de razonamiento).
- Desarrollo de habilidades para la lectura y la escritura, del lenguaje verbal, de habilidades matemáticas, de la capacidad de recordar y memorizar.
- Atenúa los efectos de algunas determinadas enfermedades como el Alzheimer.
- El psicólogo, escritor y educador musical Don Campbell (uno de los defensores e investigadores de los resultados del efecto) propone que el niño, desde su etapa fetal, debe ser estimulado musicalmente por su madre. De este modo mejorará su crecimiento, su desarrollo intelectual, físico y emocional y su creatividad. Este efecto también sigue dando buenos resultados durante los primeros cinco años de vida, estímulo capaz de formar seres inteligentes pero además emocionalmente sanos.
Por lo tanto, la música favorece a la inteligencia de los niños, en este caso anterior, la de Mozart.
Lo aprendido hoy en clase se podría poner en práctica en el aula haciendo un ejercicio de pulso con compases como estos dependiendo del nivel con el que trabajemos:
Estos ejercicios se pueden hacer con palmas, con pasos, con instrumentos o con cualquier método que se nos ocurra que favorezca a la diversión de la actividad.
Siempre sabiendo antes que: